Hacer  la Voluntad de Dios trae Consuelo a nuestra vida, a nuestra alma angustiada, porque descansamos en la Bondad de Dios y Su conocimiento de nuestra realidad y lucha contra el pecado que nos asedia.

El gran secreto del consuelo cristiano se halla en la siguiente frase“…No se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22:42).

Al rendirnos a Dios a tal punto que podamos decir esto, Su paz gobernara nuestros corazones dándonos sosiego y confianza.

Un buen ejemplo de esto es la experiencia de Jesús en Getsemaní. Allí Él afronto la prueba más terrible que ningún alma haya afrontado jamás en este mundo.

Tan terrible era que hasta rogó a Dios que si fuera posible, se la evitara. Sin embargo, junto a su petición de ser librado de ella, también oro así con sumisión “No se haga mi voluntad sino la tuya”.

Para Él existía algo que era más importante que la contestación de su oración; que nada estorbara el plan de Dios para la redención del hombre.

Resulta interesante seguir el curso de la oración del Getsemaní: de la lucha a la quietud de la sumisión y a la paz perfecta.

La primera suplica fue: Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú

Un poco más tarde volvió Jesús a orar, esta vez con la siguiente suplica: Padre mío, sino puede pasar de mi esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad (Mateo 26: 39-42).

Su espíritu sumiso dominó la vehemencia de la lucha de su alma y, finalmente, la agonía ceso, había conseguido la victoria.

Más tarde escuchamos los ecos del consuelo que ahora llenaba el corazón de Jesús en la palabra que dirigió a Pedro cuando este desenvaino su espada para impedir el arresto de su maestro: La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11).

Ya no había más deseos que aquella copa pasara de Él; Jesús se había sometido a la voluntad de su Padre y había recibido consuelo.

No existe ningún otro medio para que el alma que pasa por momentos de dolor reciba un consuelo verdadero, sino a través de una sosegada sumisión a la Voluntad perfecta de Dios.

Mientras seamos incapaces de decir: No se haga mi voluntad, sino la tuya la lucha interior seguirá y continuaremos sin recibir consuelo.

El Consuelo es paz, y no habrá paz hasta que haya sumisión a la voluntad de Dios. Por lo cual, si queremos conseguir el consuelo divino debemos someter nuestra voluntad a su voluntad.

Esta sumisión del Señor a la voluntad del Padre lo llena de un gozo inquebrantable, un gozo que lo capacita para ir a la cruz y ofrendar su vida por nosotros, un gozo que le permite menospreciar la vergüenza

Hebreos 12:2  puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Identificando la voluntad de Dios nos podemos someter a ella

Existen varias razones por las cuales debemos someternos a la voluntad de Dios.

  • Nos sometemos a la voluntad de Dios para fortalecernos

Dios en Su soberanía obra para nuestro bien: Su Voluntad nos fortalece

Tal como le dice Pablo en Romanos 8:28 “A los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien… esto es a formar la imagen de Cristo en nosotros y para ello en ese   plan y propósito divino están comprendidas una  serie de pruebas, sufrimientos, el dolor, vituperios Y como lo detalla en

Romanos 8:35-37  ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;  Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Tenemos esa seguridad de que en Cristo somos más que vencedores ante la tribulación, la angustia interna o persecución por causa de proclamar el evangelio de Cristo, o hambre o desnudez, o peligro,

No solo de ser sometidos por estas circunstancias sino que ellas son usadas y permitidas por Dios como parte de su plan para producir santidad en nosotros de modo que podamos ser moldeados a la imagen de aquel que en Getsemaní pudo decir “Hágase tu voluntad”.

Pero una vez más el grito: “Si tiene que ser, hágase tu voluntad”, sale de sus labios, y todo termina.

“La amargura de la muerte ya pasó”. El había previsto, y ensayado para su conflicto final, y ganado la victoria, ahora en este teatro de una voluntad invencible, como luego en la arena de la cruz.

“Quiero sufrir”, es el gran resultado de Getsemaní: “¡Consumado es!” es el grito que resuena desde la cruz. La Voluntad sin el Hecho habría sido en vano; pero su obra fue consumada cuando llevó la Voluntad ahora manifestada, al Hecho palpable,

Voluntad en la cual  somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez” (Hebreos 10:10).[1]  

  • Nos sometemos a la voluntad de Dios porque en eso hay consuelo

La Voluntad de Dios nos Consuela porque Él es nuestro Rey. Debemos aceptar la voluntad de Dios para nosotros, sin resistirnos no quejarnos, ya que Él es nuestro Rey y por lo tanto tiene el derecho absoluto a reinar sobre nosotros,

De modo que resistirnos a Su voluntad viene a ser un acto de rebelión a Dios, nuestra sumisión debería de ser alegre y espontánea. Sabiendo de antemano, que Su Voluntad es buena y agradable, dándonos Consuelo

Esto nos lleva a la oración modelo en Mateo 6:10  Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

  • Nos sometemos a la voluntad de Dios porque en eso hay bendición

La Voluntad de Dios nos Consuela porque Él  siempre sabe lo que es mejor para nosotros. Todo cuanto Él permite que acontezca en nuestra vida, traerá frutos de santidad y perfección

Él es nuestro Padre y es por eso que nunca enviara nada a nuestras vidas que nos pueda dañar, ni los quitara nada que pueda hacernos perder una bendición.

Su sabiduría es perfecta y El siempre conoce lo que es mejor para nosotros,y nosotros debemos depender de él, y dejar que sea Dios quien decida lo que es mejor para nosotros.

Dios sabe lo que es mejor para nosotros y Su voluntad procede de una sabiduría y un amor perfecto, resistirse a ella sería como hacernos daño a nosotros mismos; rechazarla o persistir en nuestra propia voluntad seria buscar nuestra propia ruina.

Ahora en nuestra imperfección podemos resistir temporalmente la voluntad de mandamiento de Dios (Voluntad de precepto) como fue el caso de Jonás en el capitulo 1, donde Dios le asigna una tarea y el se niega temporalmente a realizar la,

Al contrario manifiesta su total desobediencia a la Voluntad divina, pero podríamos preguntarnos ¿Estuvo Jonás tranquilo, estuvo en paz? La respuesta es no,  el no hacer la voluntad de Dios nos lleva a desfallecer. Jonás 2:7. Pero el hacerla nos llena de vida y de un propósito santo.

Identificando la voluntad de Dios en nuestro diario vivir

  • Realizar la voluntad de Dios siempre traerá beneficio a nuestra vida

Para nosotros es difícil imaginar que del dolor pueda salir alguna bendición, con todo no debemos dudar que cada pesar o aflicción siempre nos proporcionaran algún beneficio.

¿Qué salió de la cruz?, Salió libertad, redención, gracia y misericordia, solo Dios puede hacer de algo bueno de la nada.

Del sufrimiento sale dulzura, no amargura! Podemos pensar en una mujer  no cristiana, diciendo que ante la dolorosa experiencia de perder a su joven hijo, ella era incapaz de sentir dolor por los demás, que ese sufrimiento la hizo insensible al dolor ajeno.

Pero al contrario nosotros los cristianos después que hemos pasado por las angustias de la vida y que hemos experimentado el consuelo de Dios en nuestras vidas nos volvemos sensibles, misericordiosos y compasivos con el sufrimiento humano

Y nos volvemos agentes por medio de los cuales Dios manifiesta su amor.

  • Hacer la voluntad de Dios le a propósito y sentido al sufrimiento

Para aquellos a quienes Dios envía largos años de sufrimiento y dolor es un Consuelo pensar que su aflicción y pesar son verdaderos amigos que le acompañan a lo largo de su camino,

Cuando el que sufre aprende a mirar de este modo sus aflicciones y congojas, la amargura se vuelven ternura. Recordemos la experiencia de Pablo  en 2 Corintios 12:7-9.

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca(orgullo gobernando la vida) sobremanera

Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.  Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.

Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte“. (Nota de triunfo)

Pablo ruega tres veces al Señor para que le quite ese aguijón esto nos recuerda también la oración de Cristo en Getsemaní, dicha oración fue respondida con un bástate mi gracia,

De allí que una vez que el apóstol Pablo entiende la voluntad del Señor su vida se ve llena de gozo y el aguijón en la carne fue un compañero inseparable en su vida porque entendió que había un propósito santo en ello “para que no me enaltezca

Y comprendió que la Gracias de Dios era  mayor que todos sus sufrimientos y que ella tenía el poder para perfeccionarlo en la debilidad, y como conclusión el aguijón en la carne y el gozo se vuelven compañeros inseparables en la vida del apóstol.

Conclusión.

El ejemplo de Cristo debe ser nuestro referente de tal manera que nuestra vida sea sumisa a Su voluntad,  encontrando Consuelo Y por muchas que sean las aflicciones podamos decir “Señor hágase tu voluntad”

 

Fuentes citadas.

Jehová piensa en mí, J.R. Miller,

Biblia RVA60.

Comentario al evangelio San Lucas y San Mateo, Willian Hendriksen.

 

[1] Comentario Jamieosn-Fausset-Brown al evangelio de San Lucas, Esword.